Inicio arrow Bloc arrow Venezuela en el Mercosur 0907
Venezuela en el Mercosur 0907 PDF Imprimir E-Mail
Calificación del usuario: / 1
MaloBueno 

Venezuela en el Mercosur y el abordaje de las asimetrías

por Isaac Yuyo Rudnik


Los debates que transcurren en estos días al interior del Mercosur, particularmente entre Brasil y Venezuela, van por carriles altamente incovenientes para los que buscamos contribuir a la profundización de la integración regional, desde un concepto diametralmente opuesto a la ideología neoliberal.

Agencia Latina de Información Alternativa

En julio de 2006 en un acto en el Teatro Teresa Carreño  de Caracas, que contó con la asistencia de los presidentes Evo Morales, Lula da Silva, Nicolás Duarte Frutos, Tabaré Vásquez, Néstor Kirchner y por supuesto el anfitrión, Hugo Chávez, celebramos el ingreso de Venezuela al Mercosur. 


Los que estuvimos allí sentíamos que teníamos la suerte de participar de un hecho histórico, que marcaba la aceleración del proceso de integración en una dirección favorable a los intereses de los pueblos. Entre otras cosas, pudimos escuchar la enfática convocatoria del presidente Chávez a la incorporación inmediata de Bolivia al Mercosur, como así también la bienvenida al nuevo miembro pleno de parte los cuatro Presidentes de los países fundadores. Exactamente un año después tenemos entre manos una situación crítica, asentada en una multiplicidad de problemas que se fueron complicando, generando una bola de nieve que parece aplastar todo lo que hemos dicho al respecto en los últimos doce meses.
¿Han cambiado tanto nuestras situaciones nacionales, y/o el internacional, para justificar un cambio radical en la valoración de algunos hechos?

Decididamente creo que no.
Cuando una situación compleja como ésta, es consecuencia de diversos factores que aparentemente tienen todos la misma importancia, conviene separar la paja del trigo buscando encontrar cuales son verdaderamente más importantes que otras.
El proceso de integración que intentan los gobiernos del Mercosur, busca en primer lugar, encontrar caminos de desarrollo que den cuenta de las necesidades de las mayorías nacionales, a diferencia de las administraciones neoliberales que nos precedieron que sólo buscaban maximizar las ganancias de las minorías. Minorías que se apoderaron de nuestros gobiernos varias décadas, durante las que construyeron sólidas estructuras de poder que las sobreviven, y contra las que tenemos que seguir luchando. En los ’90 las enfrentábamos desde el llano, ahora desde el llano y desde nuestros gobiernos.

Cuando llegamos al gobierno nos encontramos con naciones arrasadas, con pueblos hambreados, con estados nacionales destruidos. Y desde allí en adelante tratar de salir de esa oscuridad, fue y es nuestro problema principal, mientras que los auténticos responsables de estos males, ahora nos acusan de ser incapaces de superarlos. Cuando pensamos la política internacional decidimos dar un giro de ciento ochenta grados, pasando de privilegiar las relaciones con los países del norte a costa de cualquier concesión, a poner el centro del esfuerzo en la defensa de nuestros intereses nacionales, para lo cual entendimos que el fortalecimiento de los lazos con los países de la región era el desafío del momento. Pero aquí también nos encontramos con pesados andamiajes que son aun en la actualidad, punto de apoyo para que las minorías, representadas principalmente en las empresas transnacionales que nos saquearon en los ’90, continúen lucrando a costa de los legítimos intereses de los pueblos. Las tremendas desigualdades al interior de nuestras sociedades, se traducen en profundas asimetrías entre nuestras naciones.

Creo firmemente que allí está el corazón de los problemas del proceso de integración que abordamos, mas allá de algunas declaraciones que unos u otros pueden evaluar –con mayor o menor razón- como más o menos adecuadas. En definitiva, cómo confluir desde nuestras diferencias en un camino conjunto, que nos permita construir las condiciones mínimas, para que en cada país tengamos los recursos indispensables para darle una vida digna a nuestra gente. Esto significa, trabajo, educación, viviendas, soberanía alimentaria, proyectos sustentables. El aprendizaje de la historia de doscientos años de continuidad de la opresión extranjera, después de la primera independencia, nos indica claramente que no hay posibilidad de alcanzar estos objetivos, por fuera de la férrea unidad de los pueblos de América Latina y el Caribe. No tenemos ninguna posibilidad de saltar por encima de nuestro destino común.

Así como ninguna minoría puede a adjudicarse derechos que amenacen la posibilidad de una vida digna para las mayorías, ningún país puede considerar que hay que respetar privilegios que impidan un desarrollo armónico de los otros.

El Mercosur afronta el tremendo desafío de transformar viejas estructuras (viejas no porque tengan demasiada edad sino porque muchas de ellas no responden a nuestras necesidades actuales) con nuevos gobiernos que han demostrado sobradamente que tienen una firme vocación de cambio. Gobiernos que saludamos con euforia la llegada de Venezuela, que nos congratulamos cuando Bolivia solicitó su ingreso y lo convocamos a venir con nosotros a Rafael Correa apenas asumió la presidencia de Ecuador. Y que resistimos la fuerte presión de las derechas que siguen mirando al norte, que se regocijan cuando nuestros debates suben de tono, creyendo que podrán fomentar nuevamente los enfrentamientos y las divisiones entre nosotros.

Pero son meras ilusiones de ellos. Pueblos y gobiernos estamos en el camino de encauzar estos debates para que la Integración y la Unión del Mercosur y de Sudamérica se profundicen.


Isaac Yuyo Rudnik

Movimiento Libres del Sur

Julio de 2007

 
< Anterior   Siguiente >
 
Carpani-conciencia.jpg